OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

                          Hugo Mastrolorenzo y Agustina Vignau / ganadores tango escenario 2016 // http://hd.clarin.com /DyN, AP, AFP

Conoció a un hombre. No fuma, no bebe, no se droga. Solo estuvo internado por locura emocional durante algunos meses en un neuropsiquiátrico. Depresión, como le llaman. Un hombre muy leído, muy pensante, con idioma inglés a cuesta. Muy payaso, apuesto hombre. Músico del rock del más metálico.
Norma se rió a carcajadas hasta las lágrimas con sus historias. Se emocionó hasta las lágrimas al recordar las suyas propias que parodiaban a las de él.
Fue en el Bar Billar La Academia, de Callao, donde  una pared luce un mural que  ella pintó por encargue. La obra de once metros por tres de altura contiene una simbología muy particular en coincidencia  a un tema  que a él lo identifica en la temática del libro que escribió y ya sale en su  quinta edición del horno sobre un superhéroe de otras décadas.
Fue como hablar con un alma gemela. Daniel es, su alma gemela. La vida  lo llevó de estar un día en Miami hablando  para concretar negocios en un congreso internacional, y a la semana  estar haciendo una changa en Villa Soldati uno de esos  día de otoño,  frío y ventosos donde solo los ojos asoman a través de los ropajes que abrigan.
A ella , de estar en  una  universidad de Buenos Aires coordinando junto a la gerencia de cultura  una muestra para un grupo de artistas plásticos, a estar al siguiente día limpiando el inodoro de una psicóloga, practicante de coros barroco, del distinguido Barrio de Palermo. Había que juntar  plata para ir a ver a la  hija que vive en  las afueras de Buenos Aires.

Esas son solo  alguna de las coincidencias de situaciones extremas. Hay otras historias en común de amores de niños, que al llegar la madurez se  reencuentran después de una veintena de años para terminar en muerte, por acción del cáncer que atacó  a esos seres queridos.

Qué línea fina es pasar de la cordura  a la locura.
El destino frecuentó las sintonías donde tenían que encontrarse Norma y Daniel, para que dos locos inventaran el amor y recordé el tango:

“Ya sé que estoy piantao, piantao piantao...no ves que va la luna rodando por Callao?
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor...¡Bailá! ¡Vení!¡Volá!”... y seguía la poesía de Ferrer,
“Cuando anochezca en tu porteña soledad, por la ribera de tu sábana vendré con un poema y un trombón a devolverte el corazón”..

Intuía que  se iban a encontrar y así  cumplir la obsolescencia programada de la tristeza que anidó  en ella, en él. Los  momentos de infortunio, de desamor y de vacío vencieron en un código de barras que se alejó de la realidad, por un momento, o tal vez  por muchos, quién  sabe, en un Bar del barrio de  Almagro.



Claudia Bursuk , septiembre  2016

Comentarios