CUENTO "EN EL MUSEO" “Mención de Honor” género NARRATIVA XXXIII CONCURSO INTERNACIONAL DE POESIA Y NARRATIVA “Letras para el mundo 2013” Otorgado por el Instituto Cultural Latinoamericano
B
A S A D O E N H E C H O S
R E A L E S
Agradecimientos:
A la tía Tamara por su testimonio
Distinción: “Mención de Honor”
género NARRATIVA
XXXIII CONCURSO INTERNACIONAL DE POESIA Y NARRATIVA “Letras para
el mundo 2013”
Otorgado por el Instituto Cultural Latinoamericano
Otorgado por el Instituto Cultural Latinoamericano
DEDICADO
A LA FUNDACION IWO
“Ninguna violencia, ninguna escena de
matanza, de incendio, de brutal invasión, sino el recuerdo y la amenaza del
pogrom pesan en la atmósfera de la obra de Maurice Minkowski (...) Así, en su
ternura inmensa, el gesto del artista traspasa el horizonte de Polonia y abarca
a toda la humanidad que sufre”,
I
El lugar en el que estamos es algo frío y
espacioso. Inmerso en una geografía verde de parques y arboleda, es visitado
durante todo el año para regocijo de los espectadores.
El sitio hoy se tornó inquietantemente raro. Nosotras estamos allí y una pareja está a
pocos metros sentada en un banco, mientras el silencio del museo se interrumpe por solo tímidas voces que se escuchan a lo lejos. Algunas corridas y
sonidos de secadores sacando agua por doquier es la música escuchada. Chorritos
de agua que saltan desniveles no previstos para ellos juguetean con grandes
esculturas de chapa batida.
¡Increíble!, una
cortina de agua cae sobre la puerta corrediza vidriada del contra frente y entra
por debajo sin haber nadie que haga algo para poder evitarlo.
Cada tanto, unos
pasos apresurados bajan la escalera frente a donde está apostada la interesante
dupla de seres que hace unas horas estaban ávidos de inquietantes experiencias.
La luz eléctrica de ciertos sectores se está
cortando. El espejo de agua en el piso con mellizas imágenes de obras maestras
del artista de Varsovia, traídas en 1930 al país, hacen más inusual el lugar.
Melancólicas escenas
cotidianas y domésticas de mujeres en
tierras europeas, acentúan las percepciones en
más lúgubres y misteriosas.
Mujeres anónimas judías, niñas y adolescentes,
enfermas y refugiadas parecen tomar vida a través de las pinturas al óleo enmarcadas con madera
tallada por el propio Maurice.
El sol de enero se ha
escondido hace mucho para dar lugar a la sombra atmosférica que neutraliza todo
color posible. La lluvia torrencial no para. La Avenida principal más cercana
está inundada y no da paso ni a transeúntes, ni a bicicletas, ni a rodado alguno. La pareja tendrá que aguardar para decidir terminar con la visita al museo. Solo
habrá que esperar.
El acercamiento de
sus cuerpos es inevitable. Él dijo antes desearla, necesitar de su piel, de su
olor. Atraído desde aquel día en que la
conoció en una fría noche de julio, no
pudo evitar su instinto de hombre sensible. Ella, palpitó también como en esa fiesta en que vino a conocerla a su mesa, con una tonta excusa de trabajo.
Cada vez que él se le acercó el sudor no tardó en llegar. Era
incontrolable no acariciar su cobriza y
suave piel. Los arrumacos no tardaron en llegar. Sin nada para hacer y todo
para descubrir, tuvieron una mejor idea que estar sentados. Comenzaron a caminar despacio por todos los recovecos que
encontraron. Uno de estos lugares resultó ser una sala donde se presume dictan
clases de escultura.
Bloques por doquier
de madera invitaron a palpar. Escondiéndose en el lugar menos pensado siguieron los
instintos naturales de los amantes. Transgresión concebida locamente, él
la hizo gozar importándole solo eso. Entre risas y picardías caminaron lentamente por otras salas.
Lo que no saben, es que
nosotras estamos aquí esperándolos
invisiblemente. Se huele aroma a tabaco
y se escuchan sonidos de un violín. ¿Tal
vez hecho con madera de Galicia? ¡Claro,
como podría ser de otra manera?, son los
vestigios de Cao, don “caricatura argentina” según dicen los
eruditos del arte. Testimonios,
entre divertidos y comprometidos con la sociedad, que como nosotras
mismas lo hacemos, mantienen al artista vivo hasta el día de hoy.
Retomando con los
amantes, ellos prosiguieron el recorrido en ésta sala de maravillosos
dibujos y grabados con situaciones
empalagosamente audaces, risueños momentos irrepetibles donde se mezcló el
pudor con la aventura.
De repente, en una
pared la cara de un militar con quevedos
puestos parecía reprocharles el desenvolvimiento. Pero hicieron caso omiso a la sugerencia de la
imagen. Pronto unos pocos visitantes se acercaron hacia el lugar prohibido sin
saber que hacer con sus minutos de encierro.
Los de ellos, fueron
interrumpidos con adulta coherencia, dirigiéndose nuevamente a
aquel banco de oscura madera
barnizada para proseguir la espera del
fin de la lluvia.
Nosotras, no queríamos
que retornasen a sus hogares ya que ellos quizá fueran los únicos en poder
salvarnos.
La vuelta sería
causa de desavenencias. El no sería capaz de cortesía alguna en medio de
la tormenta. Cada uno tendría que viajar por su lado. Empapados de agua
llegarían a destino y él ni siquiera sabría el estado de la dama. Pero algo
sucedió momentos antes de esa partida.
Todavía sentados en
el banco, relajados como esperando la nada, quedaron sin hablar unos momentos.
Ella no entendía la supuesta despreocupación por parte de él hacia su persona.
De repente una
frialdad la invadió tocando los espacios
más lejanos de su ser.
Los internos, los
externos, los de aquí y los de allá. Como autómata permaneció sentada junto a
él en el museo. Al fin se rompió el silencio con una conversación que se tornó sin sentido.
¿Era el amor que se
alejaba?, ¿habría sido solo pasión
momentánea, emoción pasajera?,
¿solo amor indigente?.
Se sintió hollar ese presente y abatida, se preguntó para qué estar ahí.
Y una dulce voz le
susurró al oído:
-“No digas nada y juega sin siquiera saber que ingredientes mal
habidos componen la quimera.
No digas nada, juega y toma lo que hay.
Torta de chocolate, crema y exquisitas fresas hermosa torta que otros
comen
Quedándote a ti solo del todo
una sucia porción de lodo.
Peor!... , ¡Que estoy diciendo?! Solo el resto de una porción que a
otros empalaga.
Tal vez fuera para él lo único
importante hacer que vos mujer, gozaras en
breve instante
Lo que quizá nunca en otra había logrado.
Tal vez fuera para él lo único
importante sentirse con mandato por ser a la única en poder
Después de sus caricias suaves y sutiles transformar en océano tu piel.
Tal vez, tal vez, no se, solo tal vez….Mientras sigue jugando, no digas
nada,
Juega y toma lo que hay comprobando hasta donde llega el ego humano,
para reír mejor, gracias a él que te enseñó la lección diferencial de lo que nunca pudo dar.
Torta de chocolate, crema y exquisitas fresas
Torta de chocolate no solo la
porción, no solo lo que queda,
Las sobras, las migajas, sino la rica
torta entera para dos.”
Ella está en este momento llorando internamente. No sabe que sentir.
El vacío eterno y angustiante la llena de incertidumbre. Incógnita de pesares
sin respuesta. Angustia como velo que baja
desde el cielo. Y de repente, una especial energía se está apoderando de su alma….Algo más habrá que saber para
entender.
II
La pareja está en el banco y nosotras estamos aquí, suspendidas en el
tiempo suplicando que no pase otra vez.
Son muchos los
recuerdos que tenemos, de esos que lastiman y perduran.
Recuerdos que no
cierran, pues se falseó la llave reparadora del tiempo transcurrido.
En principio ser
nosotras mismas representantes de una verdad dramáticamente extenuante, fue
nuestra misión por siempre para recrear y que nunca se olvide.
Luego viajar desde
tan lejos a Buenos Aires y al fin terminar huérfanas a solo tres meses del
arribo, por un tonto accidente de tránsito hace tan solo unas cuántas décadas.
Por último, el más
reciente recuerdo es el sucedido el 18 de julio de 1994.Tremendo y atroz.
Triste tanto como
nosotras mismas. Nunca olvidado fue el demoledor estruendo que dejaron sordos
nuestros oídos y que conjeturaron el
motivo: ¿fue por ser sordo nuestro artífice, queriéndonos dotarnos del mismo
don del no oír, para ver mejor….? Pero erróneas eran las presunciones.
Por la hendija del
armario donde residíamos provisoriamente se filtraba luz que negra fue durante largos minutos. Como si el
edificio donde estábamos se viniera abajo, y eso era lo que estaba pasando.
Ausencia y luego llantos. Asfixia y
muerte. Gritos de desesperación ante no sabíamos qué sirenas, bulla, ruidos
graves y ásperos coincidentes con guerras pasadas era el motivo en ésta
oportunidad.
Una mujer junto a
otra más joven salían hacia la calle Uriburu. Olor a explosivos. Al grito de
una bomba pedían un médico. Un grupo de
personas acompañaban a un anciano ensangrentado al mismo tiempo que gritaban a
trabajadores en un nivel mas bajo de
donde estábamos nosotras que todo lo veíamos. De repente se escuchó una voz de
alguien a la que llamaba Ester.
Una de nosotras espió
por la citada hendija que había entre el costado y el fondo del gran armario y
vio como la gente desesperada trataba de ser rescatada en pleno barrio de Once.
Desde el 3° piso de
la Asociación Mutual Israelita en Argentina se bamboleaba nuestra casa de chapa
haciendo chocar nuestros cuerpos entelados y pintados al óleo. El techo que nos
cubría se voló.
A través de una viga
Ester y un chico adolescente se treparon durante un mes para cuidarnos
diariamente y cubrirnos con un plástico
protegiéndonos ante los lluviosos días de invierno.
No nos dejaban salir.
La policía
custodiaba. Médicos, psicólogos, religiosos y toda la comunidad tratando de
despejar el caos, sacando cuerpos….
El 18 de agosto
sosteniéndose a través de una baranda Ester
junto a otros tres muchachos, accedieron
hasta donde estábamos. De a poco, con cautela y arriesgando sus vidas
nos rescataron y preservaron. Escribieron un libro sobre nosotras. Pedro nos sacó fotos. Esos fueron
los recuerdos.
Por suerte parecería
que esta vez no es más que una fuerte lluvia en el Museo donde estamos desde hace algunos días. El
agua se envalentonó con toda la ciudad, y no podía escaparse El Sívori de tales
hechos.
Comprobamos que en
las muchas formas de amor ido, una es la del desarraigo, la de las horas perdidas
de un pintor conocido por pocos, Maurice
Minkowski, nuestro creador.
Amor ido sobre
mujeres desvalorizadas, cruel realidad en escenas cotidianas.
Amor ido donde los
poderosos anulan los verdaderos talentos, por miedo quizá a encontrase con sus
miserias al mirar mas allá. Amor ido por no cuidar el patrimonio que nos
pertenece. Amor ido….
III
“-¡Amigas, vengan! ellos
siguen allí esperando, a pocos metros de nosotras, en el banco de oscura madera
barnizada, ella está inmersa en una tristeza adecuada. Es una bella pareja.
Presumo es la hora de actuar-.”
Alguien tiene que
entender aunque parezca una utopía, que
esto no puede pasar nunca más. Apresuremos nuestra decisión para poner fin al
desgarro. Creo que ellos pueden ayudar. Siento que
abordan estos
terrenos infrahumanos. Deben ser artistas. Es la hora. Despojadas de nuestra
una vez oleosa materia nos acercaremos a ese banco de madera para contar lo
sucedido. Nos acercaremos para que ellos transmitan a quien puedan que tenemos
alma, que sentimos y que en otra dimensión los esperaremos para poder de mil
maneras, con mil técnicas y cientos de
pinceles lograr no se repita el horror de las guerras en cualquiera de
sus formas. Que no se repita el horror del desamor nunca más.
F I N?


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