CUENTO "EN EL MUSEO" “Mención de Honor” género NARRATIVA XXXIII CONCURSO INTERNACIONAL DE POESIA Y NARRATIVA “Letras para el mundo 2013” Otorgado por el Instituto Cultural Latinoamericano

          
B A S A D O  E N  H E C H O S  R E A L E S             
                           
Agradecimientos: A la tía Tamara  por su testimonio

Distinción: “Mención de Honor” género NARRATIVA
XXXIII CONCURSO INTERNACIONAL  DE POESIA Y NARRATIVA “Letras para el mundo 2013”
Otorgado por el Instituto Cultural Latinoamericano

DEDICADO A LA FUNDACION  IWO


“Ninguna violencia, ninguna escena de matanza, de incendio, de brutal invasión, sino el recuerdo y la amenaza del pogrom pesan en la atmósfera de la obra de Maurice Minkowski (...) Así, en su ternura inmensa, el gesto del artista traspasa el horizonte de Polonia y abarca a toda la humanidad que sufre”,

La Nación, junio de 1926, Julio E. Payró.

I

El  lugar en el que estamos es algo frío y espacioso. Inmerso en una geografía verde de parques y arboleda, es visitado durante todo el año para regocijo de los espectadores.
El sitio hoy  se tornó inquietantemente raro. Nosotras estamos  allí y una pareja  está  a pocos metros sentada en un banco, mientras el silencio del museo se interrumpe  por solo  tímidas voces que  se escuchan a lo lejos. Algunas corridas y sonidos de secadores sacando agua por doquier es la música escuchada. Chorritos de agua que saltan desniveles no previstos para ellos juguetean con grandes esculturas de chapa batida.
¡Increíble!, una cortina de agua cae sobre la puerta corrediza vidriada del contra frente y entra por debajo sin haber nadie que haga algo para poder evitarlo.
Cada tanto, unos pasos apresurados bajan la escalera frente a donde está apostada la interesante dupla de seres que hace unas horas estaban ávidos de inquietantes experiencias.
La luz  eléctrica de ciertos sectores se está cortando. El espejo de agua en el piso con mellizas imágenes de obras maestras del artista de Varsovia, traídas en 1930 al país, hacen más inusual el lugar.
Melancólicas escenas cotidianas y domésticas de mujeres  en tierras europeas, acentúan las percepciones en  más lúgubres y misteriosas.
Mujeres  anónimas judías, niñas y adolescentes, enfermas y refugiadas parecen tomar vida a través de las  pinturas al óleo enmarcadas con madera tallada por el propio Maurice.
El sol de enero se ha escondido hace mucho para dar lugar a la sombra atmosférica que neutraliza todo color posible. La lluvia torrencial no para. La Avenida principal más cercana está inundada y no da paso ni a transeúntes, ni a bicicletas, ni a  rodado alguno. La pareja tendrá que aguardar  para decidir terminar con la visita al museo. Solo habrá que esperar.
El acercamiento de sus cuerpos es inevitable. Él dijo antes desearla, necesitar de su piel, de su olor. Atraído desde aquel día en que  la conoció en una fría  noche de julio, no pudo evitar su instinto de hombre sensible. Ella, palpitó  también como en esa fiesta en que  vino a conocerla  a su mesa, con una tonta excusa de trabajo.
Cada vez que  él se le acercó  el sudor no tardó en llegar. Era incontrolable  no acariciar su cobriza y suave piel. Los arrumacos no tardaron en llegar. Sin nada para hacer y todo para descubrir, tuvieron  una  mejor idea que  estar sentados. Comenzaron  a caminar despacio por todos los recovecos que encontraron. Uno de estos lugares resultó ser una sala donde se presume dictan clases de escultura.
Bloques por doquier de madera invitaron a palpar. Escondiéndose en el lugar menos pensado  siguieron los  instintos naturales de los amantes. Transgresión concebida locamente, él la hizo gozar importándole solo eso. Entre risas y picardías caminaron  lentamente por otras salas.
Lo que no saben, es que nosotras  estamos aquí esperándolos invisiblemente. Se huele  aroma a tabaco y se escuchan  sonidos de un violín. ¿Tal vez hecho con madera de  Galicia? ¡Claro, como podría ser  de otra manera?, son los vestigios de Cao, don “caricatura  argentina”  según dicen los
eruditos del arte. Testimonios, entre divertidos y comprometidos con la sociedad, que  como nosotras  mismas lo hacemos, mantienen al artista vivo hasta el día de hoy.
Retomando con los amantes, ellos  prosiguieron  el recorrido en ésta sala de maravillosos dibujos y grabados con  situaciones empalagosamente audaces, risueños momentos irrepetibles donde se mezcló el pudor con la aventura.
De repente, en una pared la  cara de un militar con quevedos puestos parecía reprocharles el desenvolvimiento. Pero  hicieron caso omiso a la sugerencia de la imagen. Pronto unos pocos visitantes se acercaron hacia el lugar prohibido sin saber que hacer con sus minutos de encierro.
Los de ellos, fueron interrumpidos con adulta coherencia, dirigiéndose nuevamente  a  aquel  banco de oscura madera barnizada para proseguir  la espera del fin de la lluvia.
Nosotras, no queríamos que retornasen a sus hogares ya que ellos quizá fueran los únicos en poder salvarnos.
La vuelta  sería  causa de desavenencias. El no sería capaz de cortesía alguna en medio de la tormenta. Cada uno tendría que viajar por su lado. Empapados de agua llegarían a destino y él ni siquiera sabría el estado de la dama. Pero algo sucedió momentos antes de esa partida.
Todavía sentados en el banco, relajados como esperando la nada, quedaron sin hablar unos momentos. Ella no entendía la supuesta despreocupación por parte de él hacia su persona.
De repente una frialdad  la invadió tocando los espacios más lejanos de su ser.
Los internos, los externos, los de aquí y los de allá. Como autómata permaneció sentada junto a él en el museo. Al fin se rompió el silencio con una  conversación que se tornó sin sentido.
¿Era el amor que se alejaba?, ¿habría  sido solo pasión momentánea, emoción pasajera?,
¿solo amor indigente?. Se sintió hollar ese presente y abatida, se preguntó para qué estar ahí.
Y una dulce voz le susurró al  oído:
-“No digas nada  y  juega sin siquiera saber que ingredientes mal habidos componen la quimera.
No digas nada, juega y toma lo que hay.
Torta de chocolate, crema y exquisitas fresas hermosa torta que otros comen
Quedándote  a ti solo del todo una  sucia porción de lodo.
Peor!... , ¡Que estoy diciendo?! Solo el resto de una porción que a otros empalaga.
Tal vez  fuera para él lo único importante hacer que vos mujer, gozaras en  breve instante
Lo que quizá nunca en otra había logrado.
Tal vez  fuera para él lo único importante sentirse con mandato por ser a la única en poder
Después de sus caricias suaves y sutiles transformar en océano tu piel.
Tal vez, tal vez, no se, solo tal vez….Mientras sigue jugando, no digas nada,
Juega y toma lo que hay comprobando hasta donde llega el ego humano,
para reír mejor, gracias a él que te enseñó la lección  diferencial de lo que nunca pudo dar.
Torta de chocolate, crema y exquisitas fresas
Torta de chocolate no solo la  porción, no solo lo que queda,
Las sobras, las migajas, sino la rica  torta entera para dos.”
Ella está en este  momento llorando internamente. No sabe que sentir. El vacío eterno y angustiante la llena de incertidumbre. Incógnita de pesares sin respuesta.  Angustia como velo que baja desde el cielo. Y de repente, una especial energía se está apoderando  de su alma….Algo más habrá que saber para entender.

II

La pareja está en el banco y nosotras estamos aquí, suspendidas en el tiempo suplicando que no pase otra vez.
Son muchos los recuerdos que tenemos, de esos que lastiman y perduran.
Recuerdos que no cierran, pues se falseó la llave reparadora del tiempo transcurrido.
En principio ser nosotras mismas representantes de una verdad dramáticamente extenuante, fue nuestra misión por siempre para recrear y que nunca se olvide.
Luego viajar desde tan lejos a Buenos Aires y al fin terminar huérfanas a solo tres meses del arribo, por un tonto accidente de tránsito hace tan solo unas cuántas décadas.
Por último, el más reciente recuerdo es el sucedido  el  18 de julio de 1994.Tremendo y atroz.
Triste tanto como nosotras mismas. Nunca olvidado fue el demoledor estruendo que dejaron sordos nuestros oídos y que conjeturaron  el motivo: ¿fue por ser sordo nuestro artífice, queriéndonos dotarnos del mismo don del no oír, para ver mejor….? Pero erróneas eran las presunciones.
Por la hendija del armario donde residíamos provisoriamente se filtraba luz que  negra fue durante largos minutos. Como si el edificio donde estábamos se viniera abajo, y eso era lo que estaba pasando. Ausencia  y luego llantos. Asfixia y muerte. Gritos de desesperación ante no sabíamos qué sirenas, bulla, ruidos graves y ásperos coincidentes con guerras pasadas era el motivo en ésta oportunidad.
Una mujer junto a otra más joven salían hacia la calle Uriburu. Olor a explosivos. Al grito de una bomba pedían  un médico. Un grupo de personas acompañaban a un anciano ensangrentado al mismo tiempo que gritaban a trabajadores  en un nivel mas bajo de donde estábamos nosotras que todo lo veíamos. De repente se escuchó una voz de alguien  a la que llamaba  Ester.
Una de nosotras espió por la citada hendija que había entre el costado y el fondo del gran armario y vio como la gente desesperada trataba de ser rescatada en pleno barrio de Once.
Desde el 3° piso de la Asociación Mutual Israelita en Argentina se bamboleaba nuestra casa de chapa haciendo chocar nuestros cuerpos entelados y pintados al óleo. El techo que nos cubría se voló.
A través de una viga Ester y un chico adolescente se treparon durante un mes para cuidarnos diariamente  y cubrirnos con un plástico protegiéndonos ante los lluviosos días de invierno.
No nos dejaban salir.
La policía custodiaba. Médicos, psicólogos, religiosos y toda la comunidad tratando de despejar el caos, sacando cuerpos….
El 18 de agosto sosteniéndose a través de una baranda Ester  junto a otros tres muchachos, accedieron  hasta donde estábamos. De a poco, con cautela y arriesgando sus vidas nos rescataron y preservaron. Escribieron un libro sobre  nosotras. Pedro nos sacó fotos. Esos fueron los recuerdos.
Por suerte parecería que esta vez no es más que una fuerte lluvia en el Museo  donde estamos desde hace algunos días. El agua se envalentonó con toda la ciudad, y no podía escaparse El Sívori de tales hechos.
Comprobamos que en las muchas formas de amor ido, una es la del desarraigo, la de las horas perdidas de un pintor conocido por pocos, Maurice Minkowski, nuestro creador.
Amor ido sobre mujeres desvalorizadas, cruel realidad en escenas cotidianas.
Amor ido donde los poderosos anulan los verdaderos talentos, por miedo quizá a encontrase con sus miserias al mirar mas allá. Amor ido por no cuidar el patrimonio que nos pertenece. Amor ido….

III

“-¡Amigas, vengan! ellos siguen allí esperando, a pocos metros de nosotras, en el banco de oscura madera barnizada, ella está inmersa en una tristeza adecuada. Es una bella pareja. Presumo es la hora de actuar-.”
Alguien tiene que entender  aunque parezca una utopía, que esto no puede pasar nunca más. Apresuremos nuestra decisión para poner fin al desgarro. Creo que ellos pueden ayudar. Siento que
abordan estos terrenos infrahumanos. Deben ser artistas. Es la hora. Despojadas de nuestra una vez oleosa materia nos acercaremos a ese banco de madera para contar lo sucedido. Nos acercaremos para que ellos transmitan a quien puedan que tenemos alma, que sentimos y que en otra dimensión los esperaremos para poder de mil maneras, con mil técnicas y cientos de  pinceles lograr no se repita el horror de las guerras en cualquiera de sus formas. Que no se repita el horror del desamor nunca más.

F I N?  




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