FELIZ DIA, AMIGO




SEIS SETENTA


Me contaron una historia, de corchos y de nostalgias.

De chico perdió a su madre y en el bar escuchó charlas

Parlas, chamuyos y farsas. Entrevistas, citas varias.

Cada corcho es el afecto de otras vidas relatadas

Sabor amargo son unas, otras alegres vivencias

Política, minas y discos. Tacheros en bancarrota,

Menesundas, diario, pucho  y crítica a  veredas rotas.



Es curioso que el  pequeño, que desde temprana edad

Tomaba a ese bar como  cocina materna,

No haya prendido en  vicios que la noche da en respuesta.

Ni juega, ni toma vino pero escucha atentamente,

ya que la universidad será seguro ese ambiente.

Creo  no equivocarme cuando digo que ese tango,

el del cafetín añoso, es el reflejo acusado de  historias de Paternal.

Allí la amistad fue madre para las noches de insomnio

Para las tardes jocosas y los raccontos de amor.

Donde una café arregla el mundo, las ilusiones perduran,

los maníes juegan ping pong y el billar a carambola.

El metegol  grita gol y el dueño sirve picada,

reunión nocturna infaltable para el día del amigo.

Después de cuarenta años, de juntar tapón perdido

el cuadro está terminado, de corchos desalojados.

Seiscientas setenta piezas, que arman  mapa de la  vida.

Seiscientos setenta corchos apresados nuevamente

tras un vidrio, como  el tango, donde la ñata en azul frío,

se transforma en  suave arena,  en vista de años vividos.

Se siente  latir el cuore  de ese  puñado de amigos.

No se del destinatario  del pintoresco  regalo,

Pero quien se  lo adjudique, tendrá en su casa el aroma,

De la amistad que nos  salva en tiempos de las derrotas.



B.C. 2016








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