LA FERIA
Siete
de la mañana, el fresco me despabila.
La
caminata de seis cuadras hace que el día comience muy bien.
Activando
la circulación por todo mi cuerpo.
Respiro
profundo y me llega el aroma de los tantos árboles que hay por mi barrio, Villa
Lynch. Paseo. Al fin se vislumbra el gentío….
Es la
mejor fotografía que había visto en muchos años.
Allí,
frente a mis ojos una gran familia. En ese ámbito casi todos se conocen.
Abuelos
que todas las semanas se presentan haciendo malabares con su miserable jubilación
para poder comer en ésos días del 2000.
Los hipermercados…!!.Desde
que aparecieron se convirtieron en moda.
Fué el cambio de hábito de las familias de clase
media y clase media alta.
Cayeron
en la trampa del consumismo.
La
tentación: creer que en un objeto se va a encontrar la respuesta a todos los
conflictos y problemas de ésta vida.
El
ama de casa, tiene que salir a trabajar fuera de su hogar y no tienen tiempo para nada. Encuentra en el
fin de semana el momento apropiado para matar dos pájaros de un tiro, recrear a
la familia y hacer las compras.
Los
almacenes de barrio….agradecidos.
Por
Dios!.. ¡ Qué hermosa la feria de barrio!.Sáenz Peña, partido de Tres de Febrero.
Ella sigue estando allí como muchas de Buenos Aires.
Por suerte
en estos sitios, no se paga una marca ni una moda.
Alimentos
en cajas vistosas, y ofertas engañosamente extraordinarias al fin
no se hacen presentes en las ferias de barrio.
Ver
el despliegue de color de los puestos de verduras, ajíes amarillos, verdes,
rojos; frutas brillantes; papas en sus
mas diversas variedades.
Aire
libre, luz natural. Solo el sol ilumina la paleta de pintor.
El
aroma del pescado fresco parece más profundo.
La
feria nos hace valorar la naturaleza. Pensar que con solo una semilla en la
tierra se obtiene todo esto. Lo que comemos nos nutre y mejor si no es
enlatado.
Valoremos
a nuestras abuelas, quienes nos llevaron
de la mano a comer pequeñas zanahorias recién arrancadas chorreando dulzura.
Ellas
nos enseñaron lo importante de poner la mano en los alimentos.
Esta
elaboración es de no solo ingredientes concretos en las comidas sino los abstractos,
los del alma, los espirituales,”la energía del cariño” y de
saber que estamos dando lo mejor a nuestros seres queridos, aunque lo que nos
lleve dos horas hacer, se lo devoren en 2 minutos.
Pues
hace muy poco me definió un amigo, el tanito, “querer es poseer, amar es dar”. Comprender que esto es así y
asumirlo es parte del trabajo del amor.
Claudia
Bursuk, 2002
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